febrero 15, 2026
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(Fotos: Agencias)

Justo cuando Brasil comenzaba a expresar el júbilo del Carnaval, el esquiador Lucas Pinheiro Braathen le dio el sábado al país otro motivo para festejar: una medalla olímpica.

Nunca en la historia un país latinoamericano había conseguido una presea de ningún color en los Juegos Olímpicos de Invierno.

Y ésta no fue cualquier medalla, sino nada menos que un oro en esquí alpino, en la prueba del eslalon gigante.

La victoria del deportista de 25 años, conocido en Brasil como “O cara do ski” —el tipo del esquí—, se produjo en el primer día completo del célebre Carnaval de Río de Janeiro. Aunque muchos brasileños estaban más pendientes de esa juerga, la gloria del oro de Pinheiro Braathen desplazó las noticias del festejo tradicional de los lugares más prominentes en los principales sitios Web de noticias.

Fue otro en una serie de logros recientes de Brasil en los grandes escenarios globales que, según algunos, han aportado un reconocimiento largamente esperado.

“Ésta se ha convertido en una de mis cinco principales medallas de oro de Brasil en la historia olímpica, sin duda”, le comentó a The Associated Press el locutor de radio y fanático del deporte Thiago Varella, de 41 años, desde Campinas, una ciudad donde Pinheiro Braathen tiene familiares y pasó varias vacaciones durante su infancia. “Será nuestro tipo del esquí para siempre. Incluso la gente que no entiende el deporte ahora llegará a admirar su historia y su condición de brasileño”.

En Milán, cientos de aficionados abarrotaron la Casa Brasil, sede de una reunión organizada por su comité olímpico. Estallaron en celebración, brindando con sus botellas de cerveza y entonando cánticos al estilo del fútbol con el nombre de Lucas.

El chef brasileño Raphael Rego, con estrella Michelin, repartió pan de queso caliente, un desayuno tradicional en su país, antes de bailar samba junto a Bruno Fratus, nadador que ganó bronce en los Juegos de Verano de Tokio en 2021. Vestidos de verde y amarillo, muchos se sumaron a una conga encabezada por Ginga, la mascota del equipo olímpico brasileño.

“Estamos acostumbrados a esta sensación muchas veces en el fútbol, a veces en el voleibol, pero, ya sabes, es un deporte de invierno, es un deporte de nieve”, manifestó Aline Fialho, de Recife, en el noreste de Brasil. “No tenemos nieve en Brasil, así que es un poco surrealista, pero me siento muy orgullosa”.

El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, celebró en sus redes sociales.

“Este resultado sin precedentes muestra que el deporte brasileño no tiene límites. Es el reflejo del talento, la dedicación y el trabajo continuo para fortalecer el deporte en todas sus dimensiones”, expresó Lula. “Felicitaciones a Lucas Pinheiro y a todo el equipo involucrado en este logro histórico, que inspira a nuevas generaciones y amplía el horizonte del deporte brasileño”.

La nación futbolera de 213 millones de habitantes destaca en deportes en los Juegos Olímpicos de Verano, pero jamás lo había hecho en hielo y nieve. Así que Pinheiro Braathen y el esquí difícilmente habrían estado en la mente de la mayoría de los brasileños, ni siquiera en un fin de semana en que no hubiera Carnaval.

Aun así, el país empezó a entusiasmarse al despertar con la posibilidad de su hazaña. A las 6 de la mañana hora local del sábado, la principal cadena de televisión del país, Globo, transmitía esquí alpino junto con la cobertura del Carnaval.

Tras su segundo y último descenso, Globo puso una canción que muchos hombres, mujeres y niños brasileños conocen, subrayando la importancia de su triunfo. “Tema da Victoria” era la música que sonaba después de cada triunfo del piloto de Fórmula 1 Ayrton Senna, héroe nacional y tricampeón mundial que a menudo desafiaba y derrotaba a rivales europeos.

“¡Hay un Carnaval brasileño en la nieve italiana!”, exclamó el comentarista de TV Globo Paulo Andrade.

En Rio de Janeiro, la gente se dividía entre la curiosidad y la celebración.

El conductor Alexandre Novais había oído hablar del esquiador que competía en Italia, pero no sabía su nombre. Al detenerse en una gasolinera en el acomodado barrio de Ipanema, en Rio, le impresionó que alguien de Brasil pudiera competir en la nieve, muy lejos de los 30 grados Celsius (86 Fahrenheit) de Rio.

Pinheiro Braathen compitió por Noruega hasta 2023. La temporada pasada hizo el cambio para representar a Brasil y añadió el apellido de su madre.

“Había oído hablar de él, me alegra que haya ganado”, señaló Novais, de 35 años. “Soy más fan del fútbol, pero cualquiera que elija ser brasileño merece nuestro apoyo”.

Nathalia Martínez, colombiana de 25 años que visitaba Rio por el Carnaval, estaba en el vestíbulo de su hotel cuando la gente empezó a gritar de alegría. Contó que se sintió orgullosa al ver al brasileño llorar mientras intentaba cantar el himno nacional.

“Eso es 100% Latinoamérica. Ningún atleta noruego sería tan emotivo en el podio. Puedo decir que yo también me sentí un poco representada por él”, afirmó Martínez. “Tengo mucha curiosidad por ver si los brasileños empezarán a usar ropa de esquí como disfraces de Carnaval”.

Pinheiro Braathen, de 25 años, ha abrazado su herencia brasileña, concediendo entrevistas en portugués y decorando su casco con “Vamos Dançar” —“Vamos a bailar”—. Ha dicho que su inicio en el deporte vino en el fútbol, no en el esquí, y que su primer héroe fue Ronaldinho.

La búsqueda de la gloria olímpica por parte de Pinheiro Braathen forma parte de los logros recientes del país en los mayores escenarios del mundo. Muchos brasileños han lamentado que el país, su composición cultural y su producción han sido subvalorados durante mucho tiempo.

Incluso existe un término infame que durante décadas encapsuló lo que el escritor Nelson Rodrigues percibía como el sentimiento de inferioridad de Brasil frente a otras naciones: el “complejo de mestizo”. Lo acuñó en 1950, tras la humillante derrota de la selección nacional de fútbol ante Uruguay en la final mundialista en Maracaná.

Eso ha ido cambiando. El largometraje “I’m Still Here” tuvo éxito de taquilla en el país y en el extranjero, y su nominación a tres premios Óscar desató una especie de frenesí antes de la ceremonia de premiación del pasado marzo. Ganó el premio a mejor película internacional, dándole a Brasil su primer Oscar.

Este año, la película “The Secret Agent” ha sido nominada a cuatro premios Oscar más, incluidos mejor película y mejor actor.

Los seguidores de Pinheiro Braathen en Milán dijeron que ha ayudado a que Brasil gane reconocimiento más allá de sus habituales motivos de fama.

“Estamos mostrando que somos más que samba y fútbol”, sostuvo Giovana Biondo, de Sao Paulo, que trabaja como voluntaria en los Juegos. “Amamos ambos y seguimos siendo muy buenos en ambos. Pero creo que realmente está enviando un mensaje a todo el planeta de que somos más que el Carnaval”.

Tras su victoria, Pinheiro Braathen le dijo a Globo que quería compartir su triunfo con todos los que lo alentaban en Brasil.

“Esto puede ser un punto de inspiración para la próxima generación de niños, mostrándoles que nada es imposible. No importa de dónde seas. Lo que importa es lo que hay dentro. Lo que hace el corazón”, declaró. “Traigo la fuerza brasileña hoy para llevar esta bandera al podio. Esto es de Brasil”.