mayo 6, 2026
Selección Mexicana

Houston, Texas, Estados Unidos, 25 de junio de 2023. Jaime Lozano, director tecnico, durante el partido de fase de grupos del grupo B de la Copa Oro de la CONCACAF 2023, entre la selección nacional de México y la selección de Honduras, celebrado en el NRG Stadium. Foto: Imago7/ Etzel Espinosa

Por Javier de la Cruz

El reloj avanza, y con cada día que nos acerca al 2026, el corazón del aficionado mexicano late un poco más fuerte. No es un Mundial cualquiera: será una Copa del Mundo compartida entre México, Estados Unidos y Canadá, pero para los millones de mexicanos dentro y fuera del país, la sensación es que, por fin, el futbol vuelve a casa.

Han pasado décadas desde aquel histórico 1986, cuando el Estadio Azteca vio a Maradona consagrarse y al Tri ilusionar a todo un país con su mejor futbol. Hoy, la historia nos da una nueva oportunidad. México será anfitrión por tercera vez, un privilegio que ningún otro país ha tenido, y el reto es enorme: jugar en casa no solo significa comodidad o apoyo, sino también la carga de las expectativas de una nación que sueña con, al menos, rozar la gloria.

El hincha mexicano no pide imposibles. No exige campeonatos ni milagros. Pide orgullo, entrega y una actuación que refleje el espíritu que siempre ha acompañado al Tri. En cada Mundial, sin importar el escenario, la marea verde se hace sentir, pero esta vez el rugido será más fuerte, porque las gradas del Azteca, del Akron o del BBVA vibrarán con acentos familiares, con banderas que ondean desde el alma.

El futbol mexicano llega a esta cita en un momento de transición. Con una generación que busca consolidarse y con una afición que, aunque golpeada por desilusiones recientes, nunca deja de creer. El famoso “quinto partido” sigue siendo esa obsesión nacional, esa meta que parece inalcanzable, pero que cada cuatro años vuelve a encender la esperanza colectiva.

México 2026 no será solo una competencia; será una celebración cultural, una demostración de identidad. Será el reencuentro entre una selección que necesita reconciliarse con su gente y una afición que, pase lo que pase, siempre estará en la tribuna, cantando, llorando, soñando.

El Mundial está a la vuelta de la esquina, y el país ya empieza a vestirse de verde. Porque más allá de resultados o estadísticas, hay algo que nadie le puede quitar al futbol mexicano: la pasión inagotable de su gente. Y si alguna vez hubo un escenario ideal para que la Selección Nacional se reencuentre con su grandeza, es este Mundial en casa.