julio 5, 2026
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(Fotos: Agencias)

Hacía 26 años que la bandera mexicana no se izaba en el Tour de Francia, pero Isaac del Toro volvió a llevarla a lo más alto en la carrera más importante del mundo firmando a sus 23 años un triunfo en la segunda etapa de su debut en la ronda gala.

La emoción del ciclista de Ensenada era patente cuando cruzó la meta en la cima de Montjuic, un lugar mítico del ciclismo en una jornada que había comenzado en Tarragona y que culminaba en sea cima de Barcelona.

“La verdad es un sentimiento muy bonito, es una de esas cosas que todos trabajamos por hacer y que todos estamos buscando toda nuestra vida. Es un sueño hecho realidad”, aseguraba el mexicano, orgulloso de colocar el ciclismo en la vida de un país que vive ahora por y para el fútbol, con la organización del Mundial.

“El ciclismo empieza a ser cada vez más popular en México, allí entienden este deporte al cien por cien y lo mejor que podría pasar es que después de esta victoria el equipo gane y que México gane el Mundial”, afirmó Del Toro a pocas horas de que su país se juegue el pase a cuartos de final contra Inglaterra.

Un partido que el corredor no podrá seguir porque necesitará reposar para afrontar este lunes la tercera etapa de un Tour al que llegó como escudero de lujo del esloveno Tadej Pogacar, en busca de su quinta corona, pero que se saldó con una victoria de prestigio para Del Toro.

El mexicano era el último lanzador de su líder, el hombre que debía dejarle a las puertas de la victoria en la cima de Montjuic, un triunfo que Pogacar ansiaba tras haber pedido algo de tiempo en la primera etapa, una crono por equipos que llevó a su principal rival, el danés Jonas Vingegaard, al maillot amarillo.

Pero la ventaja que cobraron Del Toro y Pogacar permitió que el esloveno levantara el pie del pedal en el tramo final y acompañara del brazo al mexicano para colocar su nombre en lo más alto de la etapa.

Un gesto que sirvió también de mensaje doble al pelotón: El esloveno se permitió mostrar su superioridad y la de su equipo, encarnada en el poderío de Del Toro.

Repuesto de un pinchazo

El mexicano, debutante en las carreteras del Tour, había pasado un mal momento durante la carrera. Un pinchazo le había hecho descolgarse y los vehículos de asistencia de su equipo no le vieron en la cuneta. Afortunadamente para él fue socorrido por otros equipos y pudo volver al pelotón para dar la estocada de gracia a la etapa.

“Ahí tuve pánico, pero al final pude reintegrarme al pelotón. Fue una bendición”, dijo Del Toro, que descubre la dureza de una carrera y también la generosidad de su líder: “Siempre quiere que estemos a un gran nivel. Creo que gracias a él este deporte ha cambiado, ayuda a que todos seamos mejores. Estoy orgulloso de estar cerca de alguien así, a su lado siempre se aprende”.

Además de la victoria de etapa, Del Toro se colocó al frente de la clasificación de la regularidad, distinguida con el maillot verde, y de la de mejor joven, con el maillot blanco.

La etapa corona una temporada extraordinaria en la que el mexicano ha ganado la Vuelta a Emiratos y la Tirreno Adríatico, además de haber conseguido el tercer puesto de la Strade Bianche que se apuntó Pogacar por delante del prodigio francés Paul Seixas.

El año pasado quedó segundo en el Giro de Italia, en su primera participación en una carrera de tres semanas y el año anterior había ya ganado el Tour del Porvenir, dando el pistoletazo de salida a una carrera que promete ser de altos vuelos.

En esta edición cumplió el sueño de estar en el Tour, siguiendo la estela de Raúl Alcalá, que lo corrió en nueve ediciones entre 1986 y 1994 y que ganó dos etapas, una en 1989 y otra en 1990, año en el que acabó octavo de la general. En 1988 se enfundó el maillot blanco de mejor joven.

El segundo en adentrarse en las carreteras francesas fue Miguel Arroyo, que participó en el Tour en 1994, 1995 y 1997, aunque no pudo ganar ninguna etapa.