(Fotos: esbozodeportivo.com)
Por Irma De la Cruz
Más de 1.6 millones de personas presenciaron el Décimo Gran Desfile de Día de Muertos; las celebraciones del fin de semana generaron una derrama económica estimada de 56 mil millones de pesos, junto con el Gran Premio de Fórmula 1.
La Ciudad de México volvió a demostrar que la muerte, en la cultura mexicana, no solamente se recuerda: también se canta, se baila y se convierte en una celebración llena de vida. El sábado 31 de octubre, las principales avenidas de la capital se transformaron en un enorme escenario donde las catrinas, las calaveras, las flores de cempasúchil, los sonidos de las bandas y los carros alegóricos dieron forma a una de las expresiones culturales más representativas del país.
Desde antes de las dos de la tarde, familias enteras, turistas nacionales y extranjeros comenzaron a ocupar las aceras de Paseo de la Reforma para encontrar un buen lugar y disfrutar del paso de los contingentes. Algunos llegaron con cámaras y teléfonos celulares; otros lucieron maquillajes de calavera, sombreros, vestidos tradicionales y atuendos inspirados en la Catrina, mientras los niños esperaban con entusiasmo el paso de las figuras monumentales.
La expectativa se sentía en el ambiente. Entre fotografías, aplausos y conversaciones, la multitud aguardaba el inicio de una celebración que mezcla las raíces prehispánicas, las tradiciones populares y las expresiones artísticas contemporáneas.

Un río de colores recorrió las calles de la capital
En punto de las 14:00 horas comenzó el Décimo Gran Desfile de Día de Muertos, que partió de la zona de la Puerta de los Leones, en Chapultepec, para avanzar por Paseo de la Reforma y continuar hacia el Centro Histórico, hasta concluir en el Zócalo capitalino.
A lo largo del recorrido, las bandas musicales marcaron el ritmo, los danzantes mostraron sus coreografías y las comparsas llenaron las calles de personajes fantásticos, calaveras y representaciones de la riqueza cultural de México.
Los carros alegóricos se convirtieron en uno de los principales atractivos. Sus dimensiones, colores y detalles artísticos captaron las miradas de miles de espectadores, quienes no dejaron pasar la oportunidad de tomar fotografías y conservar un recuerdo de la celebración.
De acuerdo con las cifras difundidas por el Gobierno de la Ciudad de México, alrededor de un millón 600 mil personas acudieron a disfrutar del desfile. La magnitud de la convocatoria confirmó el poder de atracción de una tradición que ha logrado consolidarse como un importante acontecimiento cultural y turístico de la capital.
En esta décima edición participaron aproximadamente cuatro mil personas, distribuidas en casi 50 comparsas, colectivos artísticos, agrupaciones musicales e instituciones. El espectáculo incluyó 12 carros alegóricos y dos globos monumentales, con propuestas que recorrieron diferentes momentos de la historia, la música, la literatura y las tradiciones mexicanas.

Homenaje a figuras que permanecen en la memoria de México
Más allá del espectáculo visual, el desfile dedicó un espacio especial a cuatro figuras fundamentales de la cultura nacional: la bailarina, escritora y coreógrafa Nellie Campobello; el escritor Juan Rulfo; el cantautor Juan Gabriel, y el cineasta Emilio “El Indio” Fernández.
La presencia de estas personalidades permitió recordar que la cultura también es una forma de mantener vivos a quienes dejaron una huella profunda en la historia del país.
Nellie Campobello fue evocada mediante una representación monumental que reconoció su aportación a la danza y la literatura mexicanas. Juan Rulfo, autor de obras esenciales como Pedro Páramo y El llano en llamas, también recibió un homenaje a través de una figura monumental.
La música popular tuvo su propio momento con Juan Gabriel, cuyo legado continúa presente en distintas generaciones. Las referencias a su trayectoria hicieron eco entre los asistentes, para quienes sus canciones forman parte de la memoria familiar y colectiva.
Por su parte, Emilio “El Indio” Fernández fue recordado a través de una propuesta inspirada en María Candelaria, una de las películas emblemáticas del cine mexicano.
De esta manera, el desfile no solamente mostró personajes y figuras espectaculares, sino que también ofreció un recorrido por la identidad artística de México.

Las tradiciones regionales enriquecieron la celebración
La diversidad cultural fue otro de los elementos destacados de esta edición. Agrupaciones de diferentes regiones compartieron expresiones que muestran que el Día de Muertos no se celebra de una sola manera, sino que adquiere características particulares en cada comunidad.
Entre las propuestas participantes estuvieron “Pomuch: Memoria Viva”, procedente de Campeche, y “Cantares de mi lago”, vinculada con las tradiciones de Michoacán.
También participaron agrupaciones de danza, comparsas regionales y representaciones inspiradas en los mitos, las deidades y los animales emblemáticos del México antiguo.
Estas expresiones recordaron que detrás de los disfraces, la música y los carros monumentales existe una tradición profundamente arraigada: la convicción de que recordar a quienes se han ido es una manera de mantenerlos presentes.
En las aceras, las familias compartieron alimentos, los visitantes buscaron los mejores ángulos para fotografiar a las catrinas y los niños siguieron con la mirada el paso de las figuras más llamativas. El desfile se convirtió así en un espacio de encuentro entre generaciones, donde la tradición se transmite a través de la convivencia y la experiencia compartida.

Una celebración que también impulsa la economía
El impacto del Día de Muertos trascendió el ámbito cultural. La llegada de visitantes, el movimiento en hoteles y restaurantes, el consumo de alimentos, el transporte y las actividades comerciales contribuyeron a dinamizar la economía capitalina durante uno de los fines de semana de mayor actividad turística.
De acuerdo con el balance presentado por la jefa de Gobierno, Clara Brugada Molina, las actividades realizadas del 30 de octubre al 1 de noviembre, junto con el Gran Premio de México de Fórmula 1, generaron una derrama económica estimada de 56 mil millones de pesos.
De ese monto, aproximadamente 25 mil millones de pesos correspondieron a la Fórmula 1, mientras que más de 30 mil millones se atribuyeron al conjunto de actividades turísticas, culturales, gastronómicas y comerciales relacionadas con el fin de semana, incluidas las celebraciones de Día de Muertos.
La ocupación hotelera promedio alcanzó el 92 por ciento, con zonas como Roma, Condesa y el área del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México que registraron niveles de hasta el 100 por ciento.
Es importante precisar que estas cifras corresponden al balance general de las actividades del fin de semana y no exclusivamente al desfile. Hasta la información consultada, no se identificó una cifra oficial desglosada que permita atribuir una cantidad específica de esa derrama únicamente al recorrido de Día de Muertos.

La muerte se viste de vida
Al caer la tarde, el recorrido continuó hacia el corazón de la capital, donde el Zócalo recibió a los contingentes y a los miles de asistentes que acompañaron la celebración.
La décima edición del Gran Desfile de Día de Muertos dejó imágenes de una ciudad reunida en torno a sus tradiciones: rostros maquillados, vestidos multicolores, música que invitaba a bailar y familias que encontraron en las calles un motivo para celebrar su identidad.
En México, la muerte forma parte de una memoria que se comparte, se transforma y se transmite de generación en generación. Por eso, cada cempasúchil, cada calavera y cada canción representaron algo más que un elemento decorativo: fueron símbolos de cariño, recuerdo y pertenencia.
Así concluyó una jornada multitudinaria en la que la Ciudad de México rindió homenaje a sus raíces y a sus grandes exponentes culturales. Entre la fiesta y la nostalgia, el desfile recordó que el Día de Muertos es una celebración en la que los recuerdos cobran vida y la tradición encuentra nuevas formas de permanecer.


