marzo 31, 2026
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Por Javier de la Cruz

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Ciudad de México.- Durante la presentación de su más reciente obra, Las izquierdas Derechos humanos o tiranía, el doctor Luis de la Barreda Solórzano sostuvo que las corrientes de izquierda han mantenido históricamente un sentimiento de superioridad moral frente a otras fuerzas políticas, lo que —advirtió— ha derivado en una visión indulgente hacia sus propios excesos.

El evento fue organizado por el periodista Genaro Rodríguez Navarrete, integrante del Grupo Reflexión Humanista y Política, y reunió a interesados en el análisis político y la defensa de los derechos humanos.

Al tomar la palabra, el doctor en Derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y primer presidente de la Comisión de Derechos Humanos del entonces Distrito Federal, destacó diversos pasajes de su libro, publicado en 2025, en el que examina críticamente el desempeño histórico de los movimientos de izquierda tanto en México como en el mundo.

De la Barreda subrayó que, si bien la izquierda ha enarbolado causas sociales como la igualdad y la justicia, ello no ha impedido que, en distintos momentos, se registren abusos, omisiones y violaciones graves a los derechos humanos.

Como ejemplo, mencionó episodios históricos como la revolución de la Unión Soviética en 1917, la revolución china —que, señaló, dejó un saldo aún mayor de víctimas—, así como el conflicto en Corea en 1950. También hizo referencia a la revolución Cubana encabezada por Fidel Castro contra el régimen de Fulgencio Batista en 1953.

En el ámbito latinoamericano contemporáneo, el autor aludió al caso de Venezuela durante el gobierno de Hugo Chávez, a quien atribuyó un discurso basado en el resentimiento social. En ese sentido, citó una idea crítica sobre el uso político de la pobreza: “mantener a los pobres, pobres, pero con esperanza, para evitar que se rebelen”.

El también investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, y articulista del diario Excélsior, donde publica semanalmente, explicó que su obra plantea una interrogante central: si el compromiso social de la izquierda garantiza, en los hechos, el respeto a los derechos humanos.

A lo largo del libro, el autor concluye que no necesariamente es así, y advierte que ningún proyecto político —independientemente de su orientación ideológica— debe situarse por encima de los derechos humanos, los cuales consideró una de las principales conquistas de la civilización.

Finalmente, De la Barreda enfatizó que el respeto irrestricto a los derechos humanos no asegura la felicidad de las personas, pero sí constituye la base para construir sociedades más justas y verdaderamente humanas.