(Fotos: Cortesía)
- La edición 2026 de este encuentro entre Estados Unidos y México se realizará del 1 al 3 de mayo en el complejo de Indian Wells, California
La Copa Rafael Osuna fue establecida en 1972 como una competencia anual entre los equipos oficiales de tenis de Estados Unidos y México. Es Abierta a jugadores varones de entre 35 y 90 años y el evento alterna su sede, cada año, entre ambos países.
Este 2026 se llevará a cabo en el famoso complejo tenístico “Indian Wells Tennis Garden”, en Indian Wells, California, el cual es la sede oficial del torneo ATP 1000 BNP Paribas Indian Wells, del viernes 1 al domingo 3 de mayo.
No es solo un enfrentamiento entre México y Estados Unidos. No es simplemente otro torneo. Adentro y fuera de la cancha, sucede algo extraordinario.
Un pequeño grupo de visionarios, Jack Blanton, de Houston; Jay Freeman, de Little Rock; e Ignacio Vega y Humberto Mestre, de la Ciudad de México, compartió una idea sencilla, pero poderosa: crear una competencia anual que cumpliera múltiples propósitos, reunir a ex campeones nacionales, jugadores de Copa Davis y destacados competidores de ambos países para rendir homenaje a Rafael Osuna y a lo que significó para el tenis, y celebrar la amistad tanto como el deporte.
Imaginaron algo más que un torneo, visualizaron un puente. Su misión, clara y perdurable: fortalecer los lazos naturales de amistad y colaboración entre ambas naciones y fomentar un sentido compartido de propósito a través del deporte, mientras se honra el legado del mejor tenista mexicano de todos los tiempos, Rafael Osuna.
A lo largo de más de cinco décadas, la Copa Osuna se ha disputado de manera ininterrumpida, convirtiéndose en el evento internacional de tenis más longevo en territorio mexicano después de la Copa Davis y la Copa Billie Jean King (antes Copa Federación). Es, además, el único torneo avalado oficialmente por ambas autoridades rectoras del tenis: la United States Tennis Association (USTA) y la Federación Mexicana de Tenis (FMT).

LEGADO DE CAMPEONES
Con los años, la Copa Osuna ha reunido a un destacado grupo de participantes, incluyendo exjugadores y capitanes de Copa Davis, así como figuras reconocidas.
México: Armando Vega, Francisco Contreras, Pedro Vega, Luis Riefkhol, Ignacio Vega Alexandre, Rafael Belmar Osuna, Javier “Gato” Ordaz, Héctor Ortiz, Eduardo Martínez Lanz, Jorge Lozano, Roberto Chávez, Juan Hernández Jr., Gabino Palafox y Agustín Moreno.
Estados Unidos: Tom Edlefsen, Jack Blanton, Jay Freeman, Chuck Aloo, Bill Kellog y Jeff Tarango, entre otros.
El evento también ha contado con la presencia de figuras de Hollywood como Charlton Heston, Fess Parker y Ron Ely, conocidos por sus icónicos papeles como Daniel Boone y Tarzán.
HONRA A RAFAEL OSUNA
Rafael Osuna ocupa un lugar único en la historia del tenis mexicano. Ingresó al Salón de la Fama del Tenis Internacional en 1979, en su primer año de elegibilidad, y logró hazañas sin precedentes:
- Número uno del mundo en singles (1963)
- Campeón del US Open individual (1963) y en dobles (1962, junto a Antonio Palafox)
- Campeón de dobles en Wimbledon en dos ocasiones (1960 con Dennis Ralston; 1963 con Antonio Palafox)
- Medallista de oro olímpico, en singles y dobles junto a Vicente Zarazúa en México 1968
- Líder del único equipo mexicano finalista de Copa Davis (1962)
- Campeón de la NCAA con la Universidad del Sur de California: singles (1962), dobles (1961–1963) y por equipos (1962–1963)
- All-American en USC (1961–1963)
En 1969, la Intercollegiate Tennis Association (ITA) creó el Premio “Rafael Osuna” al Juego Limpio, el reconocimiento más antiguo del tenis colegial desde 1881, el cual se otorga anualmente a un jugador de División I, y distingue, no solo el desempeño deportivo, sino también el espíritu deportivo, el carácter, los logros académicos y la contribución al tenis. Es el premio más longevo de la ITA y un homenaje permanente al legado de Osuna, considerado, por muchos, como el mejor tenista colegial de todos los tiempos.
TRADICIÓN FAMILIAR
Si algo distingue a la Copa Osuna es esto: no solo se transmite en los libros de historia, sino también en las familias. Generaciones han participado en ella, pasando la estafeta de padres a hijos, de abuelos a nietos, y de tíos a sobrinos, fortaleciendo no solo los lazos deportivos, sino también los vínculos personales y culturales entre ambos países.
Padres compiten junto a sus hijos. Nietos defienden los mismos colores que alguna vez portaron sus abuelos. Tíos y sobrinos comparten no solo un apellido, sino un lugar en la historia del torneo.
Más allá de la competencia, la Copa Osuna se ha convertido en una tradición familiar profundamente arraigada. La estafeta no es simbólica. Es real.

PADRES E HIJOS (MÉXICO):
Xavier Sánchez Cos – Freddy Sánchez
Ignacio Vega Alexandre – Ricardo Vega
Armando Vega – Armando Vega Jr. / Roberto Vega
Pedro Vega – Pedro Vega Jr. / Jorge Vega
Guillermo Belmar – Rafael Belmar Osuna / Miguel Belmar Osuna
Rafael Belmar Osuna – Rafael Guillermo Belmar H. / Claudio Belmar H.
Roberto Reyes Varela – Gerardo Reyes Varela
Carlos Ibargüen – Arturo Ibargüen
Héctor González Inclán – Adolfo “Chiquilín” González
Jaime Suárez – Jaime Suárez Jr.
Luis Riefkhol – Alfredo Riefkhol
Julio Olaya – Julio Olaya Jr.
PADRES E HIJOS (USA):
Jay Freeman – Jay Freeman Jr.
Jack Blanton – Eddy Blanton
Ron Lowell – Jim Lowell
Mel Kerwin – Patrick Kerwin
ABUELO Y NIETO (MEXICO):
Efraín Soberanes – Dimitri Soberanes
Guillermo Belmar – Rafael Guillermo Belmar
Guillermo Belmar-Claudio Belmar
TIO Y SOBRINO (USA):
Tom Edlefsen – Ryan Edlefsen
TIO Y SOBRINO (MEXICO):
Alfonso Belmar – Rafael Belmar Osuna / Miguel Belmar Osuna
Miguel Osuna – Rafael Belmar Osuna / Miguel Belmar Osuna
Ignacio Vega Alexandre – Pedro, Jorge, Armando y Roberto Vega
Armando Vega – Ricardo, Pedro y Jorge Vega
Miguel Ángel Reyes Varela Sr. – Gerardo Reyes Varela
Y en esa continuidad, la Copa Osuna se transforma en algo poco común en el deporte moderno: una tradición que se vive, no solo se recuerda.
MÁS QUE UN TORNEO
En el papel, el formato es sencillo: equipos, partidos, resultados. Pero al acercarse a las canchas, surge una historia distinta. Aquí, los jugadores regresan no solo a competir, sino a revivir el espíritu del juego. Campeones nacionales comparten la cancha con apasionados de toda la vida. Antiguos rivales se saludan como amigos. Nuevas generaciones observan, aprenden y, con el tiempo, ocupan su lugar.
Más de 50 años después de su creación, la Copa Osuna ha cumplido su misión: fortalecer la amistad y la colaboración entre México y Estados Unidos, utilizando el deporte como un puente entre culturas y generaciones.
Hoy, es no solo un evento competitivo, sino un símbolo vivo de camaradería, tradición y respeto, que honra el legado perdurable de Rafael Osuna.
EL ESPÍRITU DE OSUNA
En el corazón de todo está el nombre que lleva. Rafael Osuna no fue solo el mejor tenista mexicano, fue símbolo de excelencia, elegancia y juego limpio. Número uno del mundo, campeón del US Open, ganador de Wimbledon, medallista olímpico y finalista de Copa Davis. Sus logros siguen siendo incomparables.
Pero, quienes conocen su historia entienden que su legado va más allá de los trofeos.
Representó una forma de jugar -y de vivir- donde la integridad era tan importante como la victoria.
Ese espíritu vive en la Copa Osuna. Vive en cada apretón de manos en la red, en cada partido disputado con intensidad, en cada momento en que el respeto supera a la rivalidad.
LEGADO QUE TRASCIENDE FRONTERAS
Durante más de medio siglo, la Copa Osuna ha fortalecido los lazos entre dos naciones vecinas, no a través de la política o la diplomacia, sino mediante experiencias compartidas: partidos, conversaciones y amistades que perduran mucho después del último punto.
Es, en esencia, una celebración de un destino compartido, expresado a través de la amistad, la competencia y el respeto mutuo.
Mirando hacia atrás, resulta evidente que sus fundadores se adelantaron a su tiempo. Lo que crearon en 1972 no fue solo un evento, sino un legado que continúa creciendo año con año.
Hoy, la Copa Osuna es un homenaje no solo a un jugador legendario, sino a los valores que representó. Nos recuerda que el tenis es más que un juego: es un lenguaje de conexión, una prueba de carácter y un puente entre generaciones y naciones.
Y quizá por eso, después de tantos años, el resultado más importante no se encuentra en el marcador, sino en las amistades que perduran después de que termina el partido.
