(Fotos: esbozodeportivo)
Por Irma De la Cruz
Ciudad de México.- Las luces del Teatro de la Ciudad Esperanza Iris comenzaron a bajar poco a poco mientras el público ocupaba sus butacas. En uno de los escenarios más emblemáticos del Centro Histórico, la historia de México estaba a punto de cobrar vida nuevamente a través de la danza, la música, el canto, el vestuario y la tradición.
La noche del domingo 20 de septiembre, el majestuoso recinto de Donceles 36 abrió sus puertas para recibir una función especial de “México, el ombligo de la Luna”, una puesta en escena que propone recorrer, desde el lenguaje artístico, algunos de los momentos fundamentales de la historia y la identidad cultural de nuestro país.
Desde los primeros momentos, el escenario se convirtió en un espacio para recordar las raíces de los pueblos originarios y el nacimiento de una nación. El espectáculo llevó al público hasta Aztlán, para después avanzar hacia la fundación de México-Tenochtitlan y continuar por episodios relacionados con la Conquista, la época virreinal y el movimiento de Independencia.

Más que una narración convencional, la propuesta convirtió la historia en movimiento. Los bailarines, actores, músicos y cantantes fueron construyendo cada capítulo mediante estampas, sonidos, colores y expresiones de distintas regiones de México.
La obra es dirigida por Luis Álvaro Hernández Esquivel, quien también ha desarrollado la dramaturgia del montaje. La propuesta tiene como uno de sus principales objetivos mostrar la cosmovisión y la identidad mexicana mediante la combinación de actuación, canto y danza. Antecedentes de la obra señalan que el espectáculo incorpora danzas prehispánicas y bailes tradicionales de diferentes estados, entre ellos Nayarit, Michoacán, Tamaulipas, Veracruz, Baja California y Jalisco.
Durante el recorrido escénico aparecieron personajes y pasajes que forman parte de la memoria histórica de México. La obra ha incluido figuras como Cuauhtémoc, Cuitláhuac, Moctezuma, Hernán Cortés, La Malinche y José María Morelos y Pavón, dentro de una narración que busca enlazar el México prehispánico con el México independiente.

La música y las danzas regionales fueron otro de los grandes protagonistas de la velada. En esta presentación también se hicieron presentes estampas representativas de diversas regiones del país y elementos tradicionales que permitieron al público reconocer parte de la enorme diversidad cultural mexicana.
Uno de los momentos que provocó especial emoción llegó hacia el cierre. Después de la última escena, los integrantes de la compañía regresaron al escenario para recibir los aplausos y el reconocimiento del público.
Con los artistas aún sobre el escenario se llevó a cabo la develación de una placa conmemorativa, acto que reunió a invitados especiales y padrinos que acompañaron esta celebración.

Entre ellos estuvo el ingeniero Raziel González, presidente del Comité Cultural Tropicana Garibaldi, quien participó como uno de los padrinos de esta importante ocasión. Así como el Dr. Francisco Javier Rodea Pérez, presindente de la Fundación de Usos y Costumbres y Tradiciones de los Pueblos del Mundo.
También estuvo presente como padrino de honor un representante del linaje mexica y de la Casa Moctezuma, quien tuvo la responsabilidad de participar en la develación de la placa, de acuerdo con la crónica publicada después de la función.
El momento fue particularmente significativo porque la placa no solamente simbolizó una presentación más de la obra, sino el reconocimiento a un proyecto escénico que durante los últimos años ha buscado acercar al público a la historia, las tradiciones y la diversidad cultural de México.


