octubre 2, 2026
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(Fotos: Archivos y Facebook)

++El maestro y exestudiante de la Preparatoria 4 de Observatorio comparte sus recuerdos del movimiento estudiantil, la Marcha del Silencio y las experiencias que conoció antes y después del 2 de octubre de 1968.

Por Elizabeth Flores Picazo y Javier De la Cruz

En una mesa de la cafetería Amor a Cada Bocado, ubicada en Santa María la Ribera 55-C, entre las calles de Sor Juana Inés de la Cruz y Amado Nervo, en la Ciudad de México, una taza de café acompaña una conversación que lleva inevitablemente hacia uno de los episodios más significativos y dolorosos de la historia contemporánea de México: el movimiento estudiantil de 1968.

El ambiente de la cafetería contrasta con la intensidad de los recuerdos. Entre el ruido cotidiano de la colonia y una conversación que por momentos obliga a hacer pausas, surge el testimonio de una persona que vivió aquellos acontecimientos desde una perspectiva particular.

José Luis Santa María Derbez, protagonista de una memoria generacional

Frente a nosotros se encuentra José Luis Santa María Derbez, maestro con maestría en Sistemas y Planeación, docente de la Escuela Superior de Comercio y Administración (ESCA), donde ha impartido clases en el área de Negocios Internacionales. También fue profesor de la Universidad Iberoamericana.

Vecino de la tradicional colonia Santa María la Ribera, Don Luis pertenece a una generación que vivió los acontecimientos de 1968 desde las aulas, las calles y las conversaciones entre estudiantes, profesores, periodistas y familias.

Su formación académica y su experiencia como docente le han permitido mantener una mirada reflexiva sobre aquellos acontecimientos. Pero, además de su trayectoria profesional, su testimonio tiene un valor particular porque procede de alguien que fue estudiante durante aquel año y que recibió información de primera mano a través de personas vinculadas con el movimiento.

Mientras recuerda aquellos días, Don Luis sonríe, hace una pausa y da un sorbo a su café. Sus recuerdos se remontan a 1968, cuando era estudiante de la Preparatoria 4 de Observatorio y comenzó a recibir información del movimiento a través de amigos vinculados con el Instituto Politécnico Nacional y, particularmente, de un familiar de uno de ellos, el periodista Jaime Reyes Estrada, quien trabajaba en Excélsior.

—Don Luis, ¿Cómo vivió el movimiento estudiantil de 1968 y, sobre todo, el trágico 2 de octubre en Tlatelolco?

José Luis Santa María Derbez:

“Todo comenzó cuando López Mateos consiguió la Olimpiada, no Díaz Ordaz; a Díaz Ordaz le tocó por el periodo presidencial”.

Don Luis hace esta precisión al recordar el contexto previo a los Juegos Olímpicos de México 1968, cuya inauguración estaba programada para el 12 de octubre. La cercanía entre la crisis estudiantil y la celebración olímpica convirtió aquellos meses en un periodo de enorme tensión política y social.

Para él, recordar 1968 también implica regresar a las circunstancias que rodearon al movimiento y distinguir entre los acontecimientos que antecedieron al conflicto y los que ocurrieron posteriormente.

“¿Cómo se enteró del movimiento del 68? Pues tenía un amigo que era estudiante de la Vocacional 5. Era de esos amigos a los que, de alguna manera, les gustaba participar en la sociedad de alumnos o llevar el control de la escuela. Y surgió un pleito con una escuela privada que estaba enfrente de la Vocacional. El pleito se derivó por novias”.

El inicio de un conflicto que creció rápidamente

De acuerdo con su recuerdo, aquel enfrentamiento estudiantil terminó adquiriendo una dimensión mucho mayor cuando intervinieron los cuerpos policiacos.

“De ahí surgió que los granaderos, para acabar con el pleito, cometieron un error al entrar a la escuela y golpearon a los estudiantes de la Vocacional”.

El episodio de finales de julio es considerado por la historiografía como uno de los detonantes inmediatos de la movilización. A partir de entonces las protestas crecieron y comenzaron a organizarse manifestaciones cada vez más numerosas.

Don Luis recuerda además que en aquellos años ya existía entre sectores universitarios una corriente política influida por movimientos estudiantiles internacionales.

“Ya en ese entonces había una corriente política en la Universidad Autónoma de México, influenciada por la Universidad de California en Berkeley, y esos estudiantes se subieron a ese movimiento a través del pleito que hubo entre estudiantes y por la mala intervención de los granaderos”.

El movimiento de Berkeley de 1964 se convirtió en una referencia internacional de movilización universitaria y de defensa de la libertad de expresión. Sin embargo, el movimiento mexicano tuvo características propias y estuvo determinado por la situación política y social del país.

—¿Qué pedían inicialmente los estudiantes?

“Se pedía al principio que sustituyeran a Corona del Rosal, quien en ese momento era el Regente de la Ciudad de México”.

El movimiento, sin embargo, fue ampliando sus demandas. Con el paso de las semanas, el Consejo Nacional de Huelga (CNH) articuló un pliego petitorio que incluía, entre otros puntos, la libertad de presos políticos, la desaparición del cuerpo de granaderos y la derogación de determinados artículos del Código Penal, además de la destitución de funcionarios policiacos.

La movilización dejó de ser solamente un conflicto entre estudiantes y autoridades para convertirse en una expresión mucho más amplia de demandas de libertad política y democrática.

—¿Y cómo vivía usted aquel movimiento desde la Preparatoria 4?

“Yo iba a la Preparatoria 4 de Observatorio. Allá nosotros teníamos otra información”.

Don Luis explica que su escuela tenía una circunstancia particular.

“Se decía que la sociedad de alumnos éramos nada más el primer año, porque era preparatoria nueva. No había más que primer año; segundo y tercero todavía no ingresaban. Entonces éramos pocos en la sociedad de alumnos y yo me llevaba bien con ellos. Nunca fuimos a la huelga”.

Su testimonio permite observar un aspecto que, según él, no siempre aparece en los relatos posteriores sobre 1968: la diversidad de posiciones existentes entre las distintas escuelas.

“Nosotros queríamos seguir estudiando aunque apoyáramos el movimiento”.

Una experiencia diferente dentro del movimiento

La participación de las instituciones educativas no fue uniforme. El movimiento involucró a numerosas escuelas de la UNAM y del IPN, pero las formas de participación variaron entre planteles y comunidades estudiantiles.

En el caso de Don Luis, la decisión de continuar estudiando no significaba, según su relato, desconocer lo que estaba ocurriendo. Su experiencia representa una de las múltiples posiciones que coexistieron durante aquellos meses.

—¿Hubo algún momento en que las autoridades intervinieron directamente en su escuela?

“Un día, a las siete de la mañana, cuando llegábamos todos, la escuela estaba acordonada por los granaderos. Es decir, el gobierno en ese entonces nos cerró la escuela, a sabiendas de que ya todas las vocacionales, prepas y universidades habían entrado en huelga, menos nosotros, porque queríamos seguir estudiando aunque apoyáramos el movimiento”.

Aquella imagen de la escuela acordonada quedó grabada en su memoria.

Para Don Luis, ese momento significó que el conflicto había dejado de ser algo que solamente se escuchaba en conversaciones o se seguía a través de las noticias. Las autoridades habían llegado directamente al espacio donde estudiaba.

Para entonces, la presencia de las fuerzas de seguridad en instalaciones educativas se había convertido en uno de los elementos centrales del conflicto. El 18 de septiembre el Ejército ocupó Ciudad Universitaria y el 23 de septiembre tomó el Casco de Santo Tomás y la Vocacional 7 de Tlatelolco.

—¿Cómo se enteraba de lo que estaba ocurriendo realmente?

“Yo tenía información a través de la preparatoria y de este amigo, que tenía un tío periodista y gran reportero del periódico Excélsior, Jaime Reyes Estrada”.

Para Don Luis, esa relación con el periodista representó una fuente de información distinta a la que recibía el resto de la población.

“Cuando empezaron las manifestaciones ante el gobierno, yo participé en la famosa Manifestación del Silencio”.

La Marcha del Silencio

La Marcha del Silencio del 13 de septiembre de 1968 fue una de las movilizaciones más importantes del movimiento. Partió del Museo Nacional de Antropología rumbo al Zócalo y se caracterizó por la disciplina y el silencio de los participantes.

Para Don Luis, haber participado en aquella manifestación constituye uno de los recuerdos más importantes de su experiencia personal de 1968. A diferencia de otros momentos del movimiento, aquella marcha quedó marcada por la decisión de los estudiantes de expresar su protesta mediante el silencio

—¿Y qué ocurrió cuando llegó el 2 de octubre?

Don Luis hace una pausa antes de responder.

“Para ese evento no pude asistir con mis amigos, porque Jaime Reyes Estrada le habló a la mamá de mi amigo, que era su hermana, y nos encerraron en el departamento. No nos dejaron ir a la Plaza de las Tres Culturas y solamente nos enteramos en las noticias de lo que había ocurrido en Tlatelolco”.

Ese hecho, que en aquel momento pudo parecer una prohibición familiar, terminó convirtiéndose para Don Luis en una circunstancia que años después adquiriría otra dimensión.

El 2 de octubre, el Consejo Nacional de Huelga había convocado a un mitin en la Plaza de las Tres Culturas. Poco después de iniciada la concentración comenzó la represión.

El número exacto de personas asesinadas aquel día continúa siendo objeto de discusión histórica; las fuentes oficiales e investigaciones académicas reconocen que hubo un número indeterminado de muertos, además de numerosos detenidos y heridos.

—Usted recuerda particularmente el llamado “guante blanco”. ¿Qué le contaron?

“Estando con mi amigo en su departamento, su tía nos dijo que no saliéramos porque el entorno en las calles cerca de Tlatelolco estaba muy raro. Le habían pedido que usara un guante blanco”.

Don Luis relaciona este recuerdo con el Batallón Olimpia, grupo integrado por elementos militares que operaron vestidos de civil durante los acontecimientos del 2 de octubre.

“La idea del guante blanco era para que el Ejército no disparara a los que identificaban con el guante blanco”.

El uso de guantes o distintivos blancos por integrantes del Batallón Olimpia aparece documentado en investigaciones y testimonios sobre la operación de ese grupo. No obstante, los detalles específicos sobre las instrucciones y su alcance han sido objeto de diversas reconstrucciones históricas, por lo que Don Luis los presenta desde la memoria de lo que escuchó en aquel momento.

—Años después se encontró con uno de los principales dirigentes del movimiento. ¿Qué le contó?

“En la infancia tuve un amigo le decíamos (Chuy) con el que vivíamos en la calle de Chopo (Manuel González). Él se hizo uno de los principales líderes del movimiento y del Politécnico. Nunca lo pudieron agarrar, pero su hermano no corrió la misma suerte y lo metieron a la cárcel”.

Don Luis explica que aquel amigo tuvo que abandonar México y que nunca regresó.

“Me comentó que iba a ser detenido durante el movimiento, pero nunca pudieron. Al que sí agarraron fue a su hermano”.

Los dirigentes del movimiento fueron perseguidos y numerosos estudiantes fueron detenidos después de la jornada del 2 de octubre. El testimonio de Don Luis permite acercarse a esa persecución desde una dimensión personal: la de un amigo de infancia que terminó involucrado directamente en el movimiento y tuvo que abandonar el país.

—¿Qué le contó su amigo sobre aquella noche en Tlatelolco?

Don Luis recuerda una de las historias que más lo impresionaron.

“Mi amigo de la infancia, Chuy, se encontraba en el mitin de Tlatelolco. Logró escapar de los militares y de ser detenido gracias a que las unidades habitacionales de Tlatelolco cuentan con un ducto de basura hasta el techo”.

Y continúa:

“Chuy me dijo que se metió en un ducto y permaneció parado ahí hasta que amaneció, soportando toda la noche. Pasaron las horas y se dio cuenta de que ya estaba amaneciendo. Las balas, los lamentos y los gritos habían cesado. Entonces decidió salir del ducto caminando y con la ropa sucia”.

Una historia de supervivencia

Es un relato personal que, más allá de las cifras y documentos, muestra cómo los acontecimientos del 2 de octubre fueron experimentados de manera distinta por quienes estuvieron en la Plaza de las Tres Culturas, quienes lograron escapar, quienes fueron detenidos y quienes, como Don Luis, permanecieron lejos del lugar pero recibieron las noticias esa misma noche.

La historia de Chuy forma parte de los recuerdos que Don Luis conserva de aquellos días y permite dimensionar el miedo y la incertidumbre que se vivieron en Tlatelolco.

—También recuerda una fotografía publicada en una revista. ¿Qué ocurrió?

Don Luis sonríe al recordar aquella anécdota.

“En esa época había una revista que se llamaba TIME. Era una buena revista y en sus páginas centrales sacaba fotos que, al extenderlas, se veía como una página grande”.

 “Viendo la foto central, vi a una persona conocida. Era el hijo del abarrotero de la tienda donde yo vivía. En la foto aparece arrojando piedras a los granaderos que se dirigían a la Plaza de las Tres Culturas”.

 “Él no era estudiante. Solamente se solidarizó con nosotros porque lo conocíamos desde niño y se hizo famoso por la fotografía. Pero él nunca estudió y en la revista decía: ‘estudiante arroja piedras a granaderos’”.

La anécdota refleja también la importancia que tuvieron las fotografías y los medios internacionales para construir las imágenes que posteriormente quedaron asociadas con el movimiento.

Para Don Luis, aquella fotografía representa además la distancia que puede existir entre una imagen publicada y la historia personal de quien aparece en ella.

—Después de tantos años, ¿cómo considera que se ha contado el movimiento estudiantil de 1968?

 “Mira, hay muchas versiones del movimiento estudiantil de 1968. Yo me enteré de algunas cosas gracias a lo que me decía Jaime Reyes Estrada, o lo que se veía en las noticias”.

Y agrega:

“También hay libros como La noche de Tlatelolco, de Elena Poniatowska, que no comentan realmente lo que sucedió esa noche. Pues manejan de acuerdo con lo que cada quien percibió”.

Más allá de las diferencias entre testimonios, el movimiento de 1968 ha generado una enorme producción documental, periodística, literaria y académica.

La memoria como otra forma de reconstruir la historia

La conversación con Don Luis deja claro que la memoria personal constituye solamente una de las vías para aproximarse a 1968, junto con los documentos, fotografías, archivos, investigaciones académicas y publicaciones periodísticas.

Su relato no pretende presentarse como una explicación única de lo sucedido, sino como la experiencia de una persona que recibió información desde distintos círculos y que vivió determinados episodios directamente.

—Usted sostiene que no todas las escuelas se fueron a la huelga, como muchas veces se afirma. ¿Por qué considera importante aclararlo?

“Porque el movimiento del 68 no fue bien escrito o contado por los que vivieron esa realidad. Se dice que la UNAM y el Politécnico se fueron a la huelga, y es mentira, pues hubo escuelas de ambas instituciones que no se fueron a la huelga como se cuenta”.

Para Don Luis, la historia debe recuperar precisamente esas experiencias particulares.

“Cada quien tiene su propia vivencia. Yo estuve en la Preparatoria 4, tenía información de mi amigo y también de Jaime Reyes Estrada. No todos vivimos las cosas de la misma manera”.

Los archivos históricos muestran una sucesión de acontecimientos que involucraron a distintos planteles, organizaciones y sectores sociales, y permiten reconstruir el movimiento desde múltiples perspectivas.

Su insistencia en este punto forma parte central de su testimonio: la experiencia de 1968 no fue idéntica para todos los estudiantes ni para todas las escuelas.

Finalmente, ¿qué significado tiene para usted el 2 de octubre?

Don Luis se queda unos segundos en silencio antes de responder.

“Ya muchos no quieren o no recuerdan con exactitud lo sucedido el jueves 2 de octubre de 1968, en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco”.

 “Todos los gobiernos, de cualquier partido, ocultan mucha información para que la ciudadanía no sepa realmente qué es lo que pasa. Eso sucedió con el movimiento estudiantil del 68, a doce días de las primeras Olimpiadas que se llevarían a cabo en nuestro país”.

Y concluye con una reflexión sobre el presente:

“Hay cosas que se están volviendo a vivir. Hay sistemas que no funcionan y parece que estamos regresando a los años 60 y 70”.

Un testimonio que forma parte de la memoria del 68

La conversación con José Luis Santa María Derbez, maestro con maestría en Sistemas y Planeación, docente de la ESCA en Negocios Internacionales y exprofesor de la Universidad Iberoamericana, realizada en la cafetería Amor a Cada Bocado, en Santa María la Ribera, no pretende sustituir la investigación histórica ni establecer una única versión de los acontecimientos.

Su valor se encuentra precisamente en otro lugar: en la memoria de un joven que vivió 1968 desde una escuela que no se incorporó a la huelga, que recibió información de estudiantes del Politécnico y de un periodista cercano a su círculo familiar, que participó en la Marcha del Silencio y que, por decisión de una familia, no estuvo físicamente en Tlatelolco la noche del 2 de octubre.

A 58 años de aquellos acontecimientos, los archivos continúan aportando documentos y testimonios. La historia oficial, la investigación académica, la prensa de la época y las memorias personales permiten acercarse a un episodio que marcó profundamente la vida política y social de México.

En Santa María la Ribera, mientras la vida cotidiana continúa alrededor de la Alameda, el Kiosco Morisco y las antiguas calles de la colonia, Don Luis termina su café.

Su relato deja una idea que resume buena parte de la conversación:

1968 no es solamente una fecha en los libros de historia; también está compuesto por las historias personales de quienes estuvieron ahí, de quienes escaparon, de quienes fueron detenidos y de quienes, como él, lo vivieron desde otro lugar y recibieron las noticias mientras la ciudad enfrentaba una de sus noches más difíciles.